La devastación de Sarah Kane



María del Carmen Reguilón Domínguez. PIR

María Teresa Barbero Sánchez. MIR

José l. Quintana Velasco. PIR

Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica

Hospital Río Hortega - Valladolid

Correspondencia: tebar87@gmail.com


INTRODUCCIÓN


EVOLUCIÓN HISTÓRICA RELACIÓN CREACIÓN Y LA LOCURA


No ha hecho falta esperar al psicoanálisis para poner de relieve el vínculo de la locura con la creación. Basta con asomarse a las biografías de los grandes creadores para constatar que en los más diversos dominios, tales como la escritura, muchos han tenido comportamientos, cuando menos, extravagantes respecto de las normas convencionales. Observación que se llevó hasta el extremo de suponer que debía ser conveniente tener un soplo de locura para crear. El debate sobre si los locos son más creativos que los que no lo son resuena ya desde la Antigüedad. Pero quien estableció finalmente un orden en esta cuestión fue Platón al convertir el furor en condición de la genialidad. De ahí, se nutre el supuesto Aristóteles en el Problema XXX, 1, para preguntarse por qué los hombres de genio son con tanta frecuencia melancólicos.


En el siglo XVIII, Diderot en la Enciclopedia elabora este binomio del genio y la locura. Y en el siglo XIX, a pesar del retroceso que supone la visión médica de la locura, sobre todo en esta cuestión de la creatividad, hay algunos alienistas que la tienen en cuenta, como Esquirol que encuentra en algunas figuras ilustres como Rousseau o Pascal la influencia del dolor moral, o, como él lo llamaba, la lipemanía.


En el siglo XX, Freud provoca una revolución en este sentido al establecer la lógica interna que enlaza locura con la necesidad de creación como condición para el restablecimiento. La escuela psiquiátrica alemana de principios de siglo XX, por su parte, desarrollará la noción de la patobiografía, es decir, el análisis clínico de la obra (destaca Kretschmer y su texto Hombres geniales) en contraste con el pensamiento anglosajón que dará preferencia a los estudios estadísticos.


En definitiva, el interés por la relación entre la genialidad y la locura, presente ya en la Antigüedad, de la mano de Platón y Aristóteles, principalmente, ha sido secundado a lo largo de la historia de nuestra civilización, hasta llegar al psicoanálisis que la ha dotado de una estructura y una lógica interna.

 

ESCRITURA Y LOCURA


Dejemos a un lado lo dicho, puesto que lo que nos interesa en estas jornadas es la vinculación entre la escritura y la locura. Existen numerosas referencias que aluden a esta relación. Prueba de ello la encontramos en la historia de la literatura donde nos topamos con ingentes referencias a la locura; ya sea por medio de su representación a través de los personajes (Ejemplo: El Quijote) o por la presencia de la locura (desencadenada o no) en el escritor (Rosseau, Althusser, Joyce, V. Wolf, etc.). Pero más allá del estatuto de la literatura, el trabajo de la clínica nos muestra que la locura escribe.


EL SUJETO PSICÓTICO ESCRIBE


Contrariamente al discurso psiquiátrico no podemos hablar de la psicosis en términos de déficit, pues su capacidad creadora lo desmiente. El sujeto psicótico realiza producciones que en algunos casos tendrán el carácter de obra literaria y en otros simplemente el valor de lo escrito, pero en ambos casos nos interrogamos sobre la función de la escritura en la psicosis. En este sentido Lacan señala que el fundamento de toda creación  es exnihilo, parte de la nada. En el caso del neurótico este vacío se encarna como castración, sin embargo, en el sujeto psicótico será la forclusión del Nombre-del-padre lo que constituya la matriz creadora, siendo el objeto de creación una suplencia de la ausencia de este significante.


Otra pregunta que se nos plantea es qué hacer ante la producción del texto psicótico. Puesto que se sabe que interpretar la psicosis presenta un límite ¿De que manera puede el psicoanalista hacer de interlocutor de un sujeto que escribe? Lacan ha podido decir que el psicoanalista debe prestarse a ser el secretario del alienado. Esto no significa únicamente tomar notas, sino introducir el sujeto en el texto psicótico. En este sentido, el efecto de la introducción de la categoría «sujeto» por el psicoanalista es la de considerar al texto psicótico como ficción en el sentido de una estructura de distribución y vaciamiento del goce.


Se habla de ella como mujer maldita, como transgresora, obscena, violenta, como la mala o la oveja negra de su tiempo. Pero Sarah Kane no era más que una joven que se desangraba lentamente y que caía sin remedio en las garras de un sufrimiento que plasmó en sus escritos. Trató temas controvertidos, y controvertida era su figura... Su vida y su obra se imbrican, se adivina el malestar, se observa el dolor y la soledad imperantes en sus obras. Se habla de tortura, violencia, de odio, de amor, de depresión, de pastillas y de suicidio con un lenguaje dolorosamente poético. Con una musicalidad que rasga los oídos por su crudeza.


No hay mucho sobre la vida de Sarah, de hecho muchos de vosotros y vosotras no habréis oído hablar de ella. Esto significa que ahora mismo es lo primero que oís de esta escritora. Tampoco interesan mucho sus datos biográficos, pero al menos unas pinceladas harán que tengamos una radiografía de esta mujer maldita pero genial y contextualizar sus creaciones.


Nació en Essex el 3 de febrero en el año 1971; crece en Kelvedon Hatch donde asiste a la escuela Shenfield Integral. Se licenció en Arte Dramático por la universidad de Bristol con matrícula de Honor y posteriormente continuó en Birmingham. Se quitó la vida en febrero 1999 con solo 28 años. Para sus padres probablemente fuera difícil entender su manera de vivir, dos periodistas con una religiosidad estricta no aceptarían con agrado que su única hija se quisiera dedicar a los escenarios, que declarara su falta de fe y se manifestara como homosexual. De pequeña era inteligente, estudiosa, comunicativa y popular; loca por la escritura y por dedicarse a la actuación; con gustos acordes con su edad, escuchaba Radiohead y tenía una vida social activa... no busquéis rarezas, no busquéis alteraciones de ningún tipo. Pronto empieza a convivir con el tormento, con el dolor... cuando acaba sus estudios se empieza a vislumbrar ese malestar, comienza a hundirse en una depresión que la lleva a ingresar en numerosas ocasiones en hospitales.


En enero de 1999 ingresa voluntariamente, es el inicio del fin. La gravedad era patente y el desenlace ya os lo adelanté antes. Tras varios intentos lo consigue finalmente con los cordones de sus zapatillas el 20 de febrero de 1999 Su vida como veis fue corta pero intensa.


Las obras de Sarah Kane se caracterizan por los actos de violencia y sexualidad explícita. Estos rasgos conforman el soporte ideológico y estético que agrupó a dramaturgos jóvenes a finales de la década de los 90, entre los que se encontraba Kane, y que apostaban por una propuesta teatral claramente distinta a la de sus predecesores. Un periodista denominó a este grupo como “in yer face”


Dicha expresión se puede traducir como “en tus narices” y fue acuñada en el periodismo deportivo en los años 70 aludiendo al “desprecio, mofa” que un rival expresaba hacia otro, y que paulatinamente fue adquiriendo la connotación de agresividad y provocación. La propuesta principal radicaba en la  recuperación del teatro como experiencia triádica en la que participan el público, el actor y el espectador. El espectador se adueña de una parte de la experiencia, permitiendo la invasión de la ficción en su mente, abandonando su tradicional postura contemplativa y vivenciando el conflicto dramático. Recupera así pues, los principios esgrimidos por Artaud en su “Teatro de la Crueldad”.


El teatro de Sarah Kane pretende incitar de manera violenta al público a sentir y experimentar, posicionar al público en contacto con el pensamiento y con la emoción a través del impacto visceral, y de esta manera dejar huella en el espectador que es capaz de internalizar e involucrarse en el conflicto apropiándose de la experiencia vivencial que representa el actor en escena.


Más allá de la exhibición explícita de actos profundamente agresivos, como violaciones, felaciones, asesinatos, la violencia se articula como la manifestación del terror e irracionalidad de los hombres frente a sus propias acciones y como la respuesta dominante y automática frente a situaciones inexplicables desde una perspectiva racional y afectiva. Los personajes sufren experiencias extremas que evidencian en su comportamiento y en sus palabras, pero también en sus cuerpos. Ante el trauma los personajes manifiestan la dificultad de articular la angustia.


Los personajes con frecuencia recurren al nihilismo o al distanciamiento como mecanismos para vencer este dolor. En otras ocasiones, el daño genera más daño y las víctimas se transforman en agresores, el amante en torturador. Las acciones violentas funcionan como sustituto de relaciones afectivas honestas y el establecimiento de lazos verdaderos. El sentimiento de abandono en un mundo despojado de ideales, de demostraciones sinceras y auténticas genera en el ser humano la incapacidad de vincularse genuinamente a los otros, salvo a través de mecanismos de defensa que culminan irremediablemente con el daño hacia los demás.


La obra de Sarah Kane aborda una amplia temática, pero en todos sus trabajos hay varios elementos que se repiten en una serie de preocupaciones constantes acerca de la necesidad y el abandono, la supervivencia, la experiencia dolorosa, la búsqueda de identidad o del sentido vital; temas que entroncan todos ellos con la figura del otro. Pero es el amor el pilar fundamental sobre el que se asientan el resto de temáticas, explora las distintas facetas del sentimiento a través de relaciones muchas veces antinaturales o subversivas que manifiestan el abuso, la dependencia y la desigualdad de poder. Relaciones que en muchas ocasiones, se tornan imposibles o inalcanzables a causa de fuerzas externas que se encargan de destruirlas.


El amor es una fuerza contradictoria que ejerce efectos devastadores y redentores sobre el individuo, provocando por una parte la pérdida de identidad y destrucción de sí mismo, y por otra parte se erige como la única fuerza salvadora en un mundo cada vez más gris.


En las primeras obras, el amor se sobrepone a las peores circunstancias y redime incluso a los seres más abominables, la necesidad de ser amados y la pérdida del ser querido intenta de alguna manera justificar los actos más monstruosos. Sin embargo, en los últimos textos se vislumbra una visión más pesimista y transforma la necesidad del otro prácticamente en una adicción.


En sus obras, el mundo exterior de los personajes se destruye al mismo tiempo que su mundo interno se desintegra hasta convertirse prácticamente en despojos humanos. Recurren a la violencia como válvula de escape para exhibir un sentimiento tan íntimo e irrepresentable como es el dolor, dolor ante la pérdida, ante la imposibilidad de constituirse como un sujeto íntegro y de vincularse con el otro.


Su última obra se titula 4.48 Psicosis. El título hace alusión a la  hora en que se realizan más suicidios, según las estadísticas del país británico, argumentando que más o menos a esta hora acaba el efecto de los psicofármacos (antipsicóticos, ansiolíticos, etc.) tomados la noche anterior y empieza de nuevo la angustia. 4.48 Psychosis prácticamente evidencia la escisión del mundo y la fragmentación de su protagonista, la incapacidad para integrar cuerpo y mente un en todo unido


Para Sarah Kane, la escritura le procuraba un medio de expresión de su malestar psíquico del que jamás consiguió desprenderse. Entendemos que a través de sus obras pretendía alcanzar un alivio que le ayudase a continuar viviendo, consideraba el amor como la única salida válida al desamparo y tedio diario. Sin embargo, en su obra el amor se acompaña de grandes dosis de violencia que manifiestan el sentimiento de incompletud que presentan todos los personajes de la autora, y ella misma podemos conjeturar, en la incapacidad de conectar con los demás y la imposibilidad para expresar la angustia ante su propio vacío impronunciable. Sus textos progresivamente eran más concisos, despojándolos de todo lo accesorio y sólo conservar lo esencial. Como resultado, los diálogos de sus obras se hicieron cada vez más escuetos y carentes de elementos funcionales hasta el extremo de hacer desaparecer, en sus últimos trabajos, la cohesión textual. Esta supresión de elementos provoca la incomprensión y la desorientación de personajes y espectadores por igual que a nuestro juicio, era buen reflejo del estado mental devastado y desolado de la autora.


Escribe: “Después de las 4.48h no voy a hablar más (…) he llegado al final de esta lúgubre y repugnante historia, la historia de una mente confiada en un cuerpo extraño (…) He estado muerta por mucho tiempo”.


BIBLIOGRAFÍA


1. ARMIÑO, Mauro. El País, 2 de marzo de 2009.


2. BRENOT, P. El genio y la locura. Barcelona, B,S.A, 1998.


3. MALEVAL, J.-C. Fonctions de l’ecrit pour le psychotique. Ligeia, 1993-94, 13-14, pag.117-125.


4. MATAMALA PÉREZ, M.E. Sarah Kane, una edición crítica (tesis doctoral), Universidad Carlos III. Madrid, Getafe, 2014.


5. MILLER, J.-A. y otros. La psicosis en el texto. Buenos Aires, Manantial, 1990.


6. SIERZ, Aleks. In-Yer-face: Bristish drama today. Londres, Faber & Faber, 2001.