LA VERDAD DE PHILIP K. DICK

 




Cristina Catalina Fernández. Psicóloga Clínica

Cristina Brophy Palma. Psiquiatra

Yanira D’Hiver Cantalejo. MIR 

Hospital Universitario Río Hortega - Valladolid

Correspondencia: cristinacatalina8@gmail.com

 

Philip K. Dick fue un escritor estadounidense de ciencia ficción. La adaptación al cine de varias de sus novelas le dio a conocer al gran público, ¿quién no ha visto o ha oído hablar de Blade Runner o Minority Report? Sin embargo, obtuvo poco reconocimiento antes de su muerte. Un hombre que tiene cabida en estas Jornadas porque varias veces cruzó el umbral de la locura. Creativo, vehemente y genial, os presentamos la vida y obra de Philip K. Dick.


Philip nació de forma prematura en Chicago, el 16 de diciembre de 1928 junto a una hermana melliza, Jane, que falleció al mes de vida. Se desconoce cuál fue el motivo de su muerte, pero lo que sí se sabe es que ambos hermanos nacieron débiles y desnutridos; y su madre no completó adecuadamente su alimentación. Cuando la pequeña Jane fue enterrada, en la lápida se colocó además de su nombre el del pequeño Philip, con su fecha de nacimiento y un guión. No es de extrañar, que el fantasma de su hermana muerta acompañara a Dick toda su vida.


El padre de Philip, Edgar Dick, trabajó como Funcionario Federal del Departamento de Agricultura. Excombatiente de la I Guerra Mundial, le describen como un hombre muy autoritario y tosco. El vínculo que estableció con su hijo Philip se define por la ausencia porque los encuentros entre ambos fueron muy escasos.


Su madre, Dorothy K. Dick, fue una mujer inestable, ansiosa y con tendencia a la hipocondría, pero muy inteligente. Llegó a ocupar puestos de importancia en el Ministerio de Trabajo. Respecto a la relación con su marido, parece que lo despreciaba tanto que decidió divorciarse de él cuando Philip tenía 5 años. Tras la separación, madre e hijo se fueron a vivir a Washington. En esta época, cambiaron de ciudad en varias ocasiones. El pequeño pasaba horas solo en su casa mientras su madre trabajaba. Una madre abandónica que inicialmente no cubrió sus necesidades básicas de alimentación e impresiona que tampoco las afectivas. No es de extrañar, que el pequeño fuera un niño enfermizo. Sufría crisis de asma, taquicardias y anorexia. Probablemente lo que estaba haciendo era llamar a su madre ausente a través del síntoma. Esta falta de base segura en la infancia determinó el tipo de relaciones en su vida adulta, marcadas por la inestabilidad.


Con doce años se empezaron a definir sus gustos y aficiones, que fueron la lectura, la escritura y escuchar música. Un año más tarde, a la edad de 13 años, su pasión por la escritura le llevó a publicar sus primeros textos, unos cuentos macabros con los que fundó su propia revista “The True”. Philip dijo al respecto: “prometemos escribir aquí aquello que sin la más mínima duda, es la verdad”. Podríamos interpretar esta declaración como el inicio de la articulación de una idea delirante, ya que la certeza que acompaña a la locura siempre intenta demostrar la verdad.


Con la entrada en la adolescencia, Philip trató de sostenerse en el síntoma agorafóbico. Esto le llevó a consultar múltiples psiquiatras y psicoanalistas, pero al igual que le ocurrió con el resto de sus relaciones, no consolidó análisis con ninguno. Por este motivo, comenzó a tomar medicación para combatir la angustia y anfetaminas para hacer frente a sus estados depresivos. La tranquilidad que le producían los calmantes y la capacidad que le daban para escribir durante horas las  anfetaminas hicieron que Dick abusara durante toda su vida de este tipo de sustancias.


Inició estudios universitarios en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Berkeley (California), pero los abandonó al poco tiempo porque le resultó inaceptable tener que realizar un curso de entrenamiento como oficial de reserva. Esto se podría interpretar como un rechazo hacia su padre ya que la relación entre ambos era complicada; así la oposición a ese padre con título de sargento pudo tener que ver con unos ideales en los que la lucha militar le parecía inadmisible. A pesar de estos avatares, Philip continuó estudiando de forma autodidacta. La filosofía fue una de sus pasiones. En esta época, empezó a trabajar en una tienda de discos y se independizó. A los 20 años, conoció a una joven cliente de la tienda con la que se casó a la semana. Es llamativa la rapidez del enlace, pero el motivo es que Dick nunca soportó la soledad. Probablemente, la carencia afectiva con la que había crecido le llevó a buscar desesperadamente una compañera durante toda su vida.


Tras seis meses de la unión, el matrimonio llegó a su fin, pero pronto conoció a su segunda mujer, una estudiante de origen griego que le permitió dedicarse completamente a la escritura. Con 24 años comenzaron a publicarse sus novelas sobre ciencia ficción. A lo largo de los años 50 tenía ya publicados un total de cincuenta cuentos y doce novelas realistas. El tema principal de sus primeras novelas fue la destrucción de las relaciones humanas. Escritos narrados en tercera persona, extensos, detallistas y carentes de humor. En esta época su obra plasmó la conflictiva política que le hizo ganarse la fama de un escritor de izquierdas. El problema es que EE.UU. en ese momento perseguía el comunismo, por lo que dos agentes del FBI comenzaron a ir a su casa a investigar al matrimonio.


Debido a la presión que esto le generaba se empezó a romper su frágil estructura. Un suceso que explica bien este periodo fue lo que experimentó una noche después de cenar. Philip sintió

un dolor abdominal. Cuando fue al baño a ver qué le ocurría se angustió mucho porque no encontraba el cordón de la lámpara, aunque realmente no existía dicho cordón sino un interruptor a la derecha de la puerta. Tras encender la luz algo había cambiado, se encontraba confuso, desorientado, perplejo. Parece que estamos ante la fenomenología de un desencadenamiento que surge con un fenómeno del cuerpo, el dolor abdominal, al que sigue una especie de experiencia enigmática en el baño. Este desencadenamiento, además, parece que esconde cierta dimensión considerable ya que produce una ruptura biográfica: a partir de ese momento cambia de nombre y de oficio. Abandonó, temporalmente, la escritura y empezó a dedicarse a contestar las preguntas de un concurso organizado por un periódico local. Atrapado en esta nueva forma de vida, creía que los acertijos que completaba del periódico iban dirigidos a él. Estas ideas autorreferenciales le condujeron a presentarse en las oficinas del diario con el fin de hablar con el director del periódico, y preguntarle cuál era la trama a la que le estaban sometiendo, cuál era el significado oculto de tal artimaña. Tras el vacío de significación de la experiencia enigmática, comienzan a surgir retazos de significación delirante. Pasó de una primera fase enigmática, dominada por la perplejidad, a una fase más delirante donde la certeza, la autorreferencia y el perjuicio dominaban su vida. En este momento, comenzó a tener sensaciones extrañas entre la gente de la calle. Sentía que todo el mundo le observaba, le vigilaba y conspiraba contra él. Por lo que decide huir de la ciudad e ir a vivir al campo. Allí conoció a su tercera mujer con la que tuvo su primera hija. Su anterior mujer, abandonada, tuvo que regresar a la ciudad. No fue una época fácil para Dick, la paternidad y el aislamiento del mundo rural provocaron que aumentara el consumo de anfetaminas y alcohol. Aun así, se tomó tiempo para escribir y redactó su primer éxito El hombre en el castillo (1962), por el que le concedieron el premio Hugo.


Durante su estancia en el campo y tras pasarse la mayor parte del día escribiendo novelas para satisfacer a su mujer y ganar 

dinero, a sus 35 años, empezó a cuestionar su vida y a reflexionar sobre su situación. Un día mientras caminaba por el campo inmerso en sus pensamientos se topó con un rostro gigante que lo miraba desde el cielo penetrantemente. Creyó ver a Dios. Tras esta experiencia, posiblemente una alucinación, decidió ir a la iglesia y contárselo al sacerdote quien le dijo que no había visto a Dios sino a Satán. Absorto por esta experiencia, se convirtió al catolicismo.


Tras esta convicción delirante, dejó a su mujer e hija sin mayores miramientos para volver a la ciudad. Pero sus problemas empeorarían con el proceso de divorcio que le hizo estar más paranoico de lo habitual. Apenas salía de su domicilio porque creía que un detective privado le seguía. En casa buscaba micrófonos por si su mujer se los había colocado para espiarle. A tal extremo llegó su idea persecutoria que se compró una pistola para defenderse de ella. En este momento, su mujer se había vuelto su perseguidora.


Pero Dick no dejaba de crear, entre 1968 y 1969 se publican dos de sus grandes obras: ¿sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que inspiró años más tarde el clásico de cine Blade Runner, del que hemos hablado anteriormente, y Ubik.


En esta época, conoció a su cuarta esposa y del matrimonio nació su segundo hijo. El sentimiento depresivo inundó este periodo de la vida del autor ya que dejó de crear, abandonó la escritura y tuvo que solicitar una prestación social para poder sobrevivir. El gran abuso de anfetaminas y LSD le provocaron graves lesiones renales y de páncreas. Su mujer no soportó esta situación y se marchó de casa llevándose a su hija en 1970. Dick llenó su casa de gente indeseable huyendo de la soledad: prostitutas, vagabundos… surgiendo de este periodo su novela Una mirada a la oscuridad, donde refleja el horror del mundo de la droga en la destrucción de sus personajes.


En noviembre de 1971 se produjo un hecho misterioso. Ponen

un explosivo en casa de Dick. Se sospechó de la CIA, FBI… pero nunca se supo la verdad. Este acontecimiento reforzó el carácter paranoico de Philip. Durante esta época desconfiaba de todo el mundo y posteriormente, en cada aniversario, la angustia era tal que le impedía salir de casa.


Dos años más tarde, con 45 años, su vida pareció ordenarse, sin penurias económicas y con cierta estabilidad. Aunque no duró mucho tiempo porque al año siguiente, una noche su mujer lo encontró sentado en la cama tapándose los oídos y balanceándose. Escuchaba de la radio: “no sirves para nada, puedes reventar, tienes que reventar”. Dick oía como sus enemigos se reían de él y le lanzaban amenazas de muerte. Estos fenómenos culminaron en febrero de 1974 con un delirio místico. Dick se sintió invadido por una presencia superior que llamaría VALIS (Vasto Sistema de Inteligencia Activa y Viviente) y aseguró ser poseedor de una revelación. Esta etapa de su vida se ve reflejada en sus últimas obras: VALIS (1981), La Invasión Divina (1981) y La transmigración de Thimothy Archer (1982).


Como habéis podido percibir, la presencia del Otro, fue un elemento estabilizador a la par que desestabilizador en su vida. Con la marcha de su cuarta esposa, cometió un intento de suicidio. Bebió una botella de vino, tomó 49 píldoras de Digital, 30 de Librium, 60 de Agresoline y se cortó las venas de la muñeca. Por si esto no fuera suficiente, se acostó en el garaje después de haber cerrado la puerta desde el interior y encendido el motor del coche. Sin embargo, un defecto del obturador hizo que el motor del coche se apagara. Tras despertarse y ver que no había logrado su cometido, llamó a la farmacia para encargar más medicación, lo cual, alarmó al farmacéutico quién avisó al equipo de urgencias. Esto le llevó a pasar una temporada ingresado en una unidad psiquiátrica. Tras la hospitalización, se fue a vivir con otra mujer, pero como todas sus relaciones a lo largo de su vida, fracasó. Su madre murió durante este tiempo sin mucha resonancia afectiva para el autor. Hasta que el 18 de febrero de 1982, los vecinos

alertados por la ausencia de Dick decidieron avisar a las autoridades. Tras derribar su puerta, lo encontraron en el suelo. Había sufrido un ataque al corazón. En el hospital, al día siguiente tuvo dos ataques más que lo sumergieron en un estado comatoso y finalmente muere tras cinco agónicos días. Su padre, un hombre mayor, lo enterró junto a Jane, su otra hija.


Más de 30 años después de su muerte, Philip K. Dick puede considerarse uno de los escritores de ciencia ficción más importantes de EEUU, género en el que destacó por el carácter filosófico de sus escritos, tratando temas políticos, metafísicos y teológicos entre otros. En sus novelas se plasman los pensamientos más íntimos de Dick, como la desconfianza o la manipulación de la realidad, lo entramado con el mundo psicótico y la vertiente más paranoica del autor.


Dick, a través de la escritura logró expresar simbólicamente sus conflictos que difícilmente podían ser comunicables de otra manera.


BIBLIOGRAFÍA


1. CARRÈRE, E.: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, Barcelona, Síntesis, 2007.