THE RIGHTEOUS MIND. Why good people are

divided by politics and religion

Penguin Books. 2012



S.L.C.


Son 500 páginas, 130 de notas y bibliografía las que Jonathan Haidt, psicólogo social, dedica a exponer su Teoría de los fun- damentos morales y las razones del porqué las buenas gentes se dividen y se enemistan por sus diferentes ideas religiosas o políticas. Pocos asuntos, creo, de mayor interés que el que Haidt estudia pero su teoría, que avanza a lo largo del libro con pasos bien medidos, no será fácil de resumir. Esta reseña, me temo, será larga.


Haidt escribió este libro con “la esperanza de que si los americanos com- prenden los sesgos que afectan a su pensamiento moral cotidiano puedan ser capaces de comprenderse mejor entre sí y nada mejor que unos ejem- plos para entrar en materia.


1. el perro de una familia muere atropellado por un camión delante de la casa familiar. los dueños, que habían oído que la carne de perro era muy sabrosa, descuartizan el perro, lo cocinan y lo sirven en la mesa como cena. Un hombre acude todas las semanas al hipermercado y compra un pollo. al llegar a casa tiene sexo con él y después, lo cocina para cenar.


Son dos de los ejemplos imaginarios que propone Jonathan Haidt para hacer pensar a sus alumnos sobre psicología de la moral. Si usted es una persona educada sentirá asco al escuchar estas historias pero tendrá dificultades para explicar por qué es repugnante ese comportamiento. el perro era de la familia, ya estaba muerto, no le hicieron daño alguno y tenían el derecho de hacer con su cuerpo lo que quisieran. El hombre del pollo no le hizo mal a nadie con su comportamiento y todo

sucedió privadamente. a pesar de eso, el asco experimentado es aún mayor que en el caso del perro.


Cuando se le pide a los que escuchan estas historias que razonen el porqué del asco sentido suelen decir algo parecido a esto: Bien; pienso que es algo asqueroso y que debieron enterrar el perro pero no sabría decir que es lo moralmente equivocado. Si quien responde es un liberal, en el sentido que ese término tiene en los estados Unidos, dirá que cualquiera puede hacer lo que quiera mientras no haga daño a los demás. Si se trata de un conservador puede que responda que quien tenga sexo con un pollo o coma su perro, está haciendo algo moralmente equivocado pues algunas acciones son moral- mente equivocadas aunque no dañen a nadie.


Cuando Haidt le hizo esas preguntas a la gente que salía de un MacDonals popular, se encontró con que las respuestas eran muy diferentes a las de sus alumnos de la Universidad de Pensilvania. Sus alumnos respondían según el principio que estableciera en 1859 John Stuart Mill:


El único motivo por el que el poder puede ser rectamente ejercido sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada en contra de su voluntad, es impedir que dañe a otros...


La respuesta típica de sus estudiantes era:


Es perverso, pero el pollo era suyo, lo que hizo fue algo que ocurrió en privado, no le hizo mal a nadie, por lo tanto es correcto.


La gente de los MacDonalds, trabajadores manuales en su mayoría, confrontados con ese tipo de preguntas, callaban y miraban a Haidt como si fuese tonto. ¿Tengo que explicarle a usted porqué está mal...?

Hay más historias. Un colega de Haidt le propuso a un grupo de estudiantes las siguientes situaciones: 1.- Un hombre tiene a su mujer enferma de grave- dad y no tiene dinero. roba la medicina. ¿es correcta su conducta? 2.- Tengo en este contenedor una cucaracha esterilizada comprada en un laboratorio donde fue criada en un ambiente limpio. Nosotros volvimos a esterilizarla y no tiene ningún germen. Voy a meterla en este zumo. Ahora: ¿bebería usted un trago de este zumo? 3.- Aquí tengo este papel donde escribí lo que sigue: yo... (el nombre del entrevistado), le vendo mi alma después de mi muerte a... (el entrevistador) por dos dólares... 4.- Un hermano va con su hermana de vacaciones a París. estando solos en la habitación piensan que sería agradable tener sexo entre ellos. el usa un preservativo. ella ya toma la píldora. el acto fue agradable pero deciden no repetirlo más. Será un secreto entre ellos que los unirá más.


Confrontados con estas historias los entrevistados estuvieron de acuerdo con la conducta del hombre en el primer caso y dieron justificaciones razonables para ella: la conducta era correcta porque la vida está por encima de la propiedad. En los otros casos no había daño posible aparente pero los sujetos no acertaban a justificar su respuesta. Por ejemplo: solo un 13 % estuvieron de acuerdo en que la conducta de los dos hermanos había sido correcta. Los demás la rechazaron pero fueron incapaces de dar razonamientos que justificaran su rechazo. no Había peligro de descendencia, fue consentido, fue agradable, no habría reincidencia, no dañaron a nadie... lo mismo ocurría en los casos de la cucaracha y la venta del alma. En estos casos, es obvio, dice Haidt, que los entrevistados hicieron sus juicios morales de modo emocional e inmediato e intentaron después justificarlos. el razonamiento era el sirviente de las pasiones como Hume pensaba y no siempre lo hacía con eficacia.


2. El libro de Haidt pretende responder a las perplejidades de sus entrevis- tados. es un estudio de psicología moral que divide en tres partes regidas cada una de ellas por un principio y una metáfora:

I.- Las intuiciones vienen primero; el razonamiento, después.

II.- Hay más morales que la de daño-justicia (la de Stuart Mill).

III.- La moral une y ciega.


En los ejemplos mencionados, los sujetos rechazaban o aprobaban primero lo narrado y después intentaban justificar el rechazo razonando, lo que no siempre conseguían. Se comportaban según el primer principio de la teoría de la moral de Haidt que dice que las intuiciones vienen primero y el razo- namiento después. Haidt, propone la metáfora de un elefante (las intuiciones, el procesamiento automático) y su jinete guía (rider), (el razonamiento consciente). El cerebro, evalúa todo de modo automático en términos de amenaza o beneficio potencial y ajusta su conducta a sus evaluaciones para conseguir lo bueno y evitar lo malo. Los animales, hacen esas evaluaciones miles de veces al día sin necesidad de razonamiento consciente.


En 1980, Robert Zajonc, recuperó antiguos trabajos de Wundt de 1890 en los que había formulado la doctrina de la “primacía de lo afectivo”. Pequeños flash de sentimientos positivos o negativos, decía Wundt, acompañan a la percepción y están de tal modo entretejidos con ella que forman parte del proceso. Zajonc aconsejó a los psicólogos que tuvieran en cuenta este proceso de dos pasos, el rápido, afectivo, ligado a la percepción, y el lento, el de pensamiento, que consideraba muy nuevo evolutivamente y vinculado al lenguaje. El pensamiento, es el jinete; lo afectivo, el elefante.


3. Las ideas de Haidt sobre la pluralidad de morales, tienen su fuente en richard Shweder, un psicólogo cultural, con el que colaboró en la Universidad de Chicago. Shweder, reconocía tres éticas, la de la autonomía, la comunitaria y la de la divinidad. La ética de la autonomía supone que los individuos son entes autónomos que tienen deseos, necesidades y preferencias y deben ser libres para satisfacerlas sin dañar a los demás. En una sociedad semejante, conceptos como derechos, libertad y

justicia, permitirán a las personas coexistir de modo pacífico sin interferir con los proyectos de los otros. Es la ética dominante en occidente pero basta con poner un pie fuera de la sociedad occidental para que nos encontremos con las otras dos éticas de Shweder.


La ética de la comunidad, que predomina en asia, está basada en la idea de que las personas son, en primer lugar, miembros de entidades más amplias como familia, ejército, compañías, tribus y naciones que son consideradas entidades reales que hay que proteger. En este caso, los conceptos morales predominantes son, deber, jerarquía, respeto, reputación y patriotismo. La idea occidental de que las personas deben diseñar sus propias vidas y procurar sus metas, se considera una idea egoísta y peligrosa que debilitará las ins- tituciones de las que depende cada miembro.


La ética de la divinidad, tiene como fundamento la idea de que las personas son recipientes en los que fue implantada un alma divina. Son algo más que animales con conciencia y el cuerpo es un templo. aúnque no se dañe a nadie, para esta ética, que alguien tenga sexo con un pollo, viola el orden sagrado del universo y degrada a quien lo hace y a su creador. Los concep- tos determinantes son aquí, santidad, pureza, contaminación, elevación y degradación. La libertad personal del occidente secular es considerada como libertina, hedonista y una celebración de los más bajos instintos humanos. Fue esta ética, que Haidt consideraba extraña y nada fácil de comprender, la que lo llevó a India donde vivió con una familia lo que lo ayudó a comprender la ética de la comunidad (con facilidad) y la de la divinidad (con menos facilidad). En India, es la familia, no los individuos, la unidad básica de la sociedad y en ella están incluidos los sirvientes. en este mundo moral, dice Haidt, igualdad y autonomía, no son valores sagrados. Honrar a los ancianos, a los dioses, a los huéspedes, proteger a los sirvientes y cumplir los deberes de los roles que tenemos asignados, es mucho más importante. Comprender por qué los hindús le dan

tanta importancia al baño, a la comida y a qué clase de persona tocan, preocupaciones que comparten con los hebreos y los árabes, fue algo más complicado. Haidt llegó a la conclu- sión de que estas costumbres tuvieron su origen evolutivo en el asco despertado por cosas que podrían ser contaminantes por lo que era necesario, por razones de supervivencia, mantenerse alejados de ellas. Ese asco, extendió después su influencia sobre algunos asuntos morales y sobre el propio cuerpo. Un hindú, come con la mano derecha después de lavarla pero se limpia con agua después de defecar, lo que hace “siempre” con la mano izquierda, por lo que se vuelve una segunda naturaleza equiparar izquierda con suciedad y derecha con limpieza.


4. Después de su estancia en india y bajo la influencia de Shweder, Haidt, se dio cuenta de que coexistían muchas matrices morales dentro de una nación y que cada una de ellas proporcionaba una completa, unificada e irresistible visión del mundo casi inexpugnable para los ataques y argumentos de los aje- nos a ella y no es por azar que Haidt considere el “sesgo de confirmación”, el más dañino de todos los sesgos, como casi imposible de erradicar. La mayoría de las investigaciones psicológicas se hacen sobre un pequeño grupo social, los WEIRD, acrónimo de (western, educated, industrialized, rich and democratic) que como palabra, literalmente quiere decir, raro, extraño. Una investigación que pretenda alcanzar conclusiones válidas tiene que tener en cuenta las diferencias entre grupos sociales y étnicos pues incluso dentro de un mismo país, hay grupos, como los WEIRD, que son muy atípicos (outliers) dentro de la sociedad y los resultados serán también atípicos. esa fue la razón por la que Haidt tuvo que ampliar su investigación para incluir diversos subgrupos étnicos y sociales. Los universitarios de Pensilvania hablan casi de modo exclusivo empleando categorías de la ética de la autonomía mientras que los otros grupos, como los de la clase trabajadora, emplean también la ética de la comunidad y algunos elementos de la ética de la divinidad. Las diferencias alcanzan también al yo (self). Si le pedimos a un grupo de WEIRD que complete unas frases que

comienzan por, “yo soy...”, lo más probable es que lo hagan con palabras referidas a estados psicológicos internos (feliz, extravertido, tímido...) mientras que los asiáticos es probable que recurran a sus roles y relaciones (hijo de, empleado de...).


Haidt, recurre a una analogía para explicar su teoría de las moralidades. Todos los seres humanos tienen en la lengua cinco receptores gustativos para los sabores dulce, salado, amargo, ácido umami. Los alimentos y los modos de cocinar varían ampliamente en el mundo pero todos estimulan uno o varios de los receptores básicos. Sería tonto pensar que hay un re- ceptor para la Coca-Cola, otro para el zumo de naranja y otro para el de mango. Todos estimulan el receptor para el dulce y según los casos, alguno más. La mente moral, es como una lengua con sus varios receptores pero dependiendo de la cultura en la que nos criamos desarrollaremos un perfil de sabores diferente que podrá ser más o menos amplio. Muchos investi- gadores reducen la moralidad a un “único” receptor, o a dos, casi siempre los relacionados con daño a los otros o con el trato justo y el respeto por los demás. Para Haidt, no es así. las matrices morales varían pero tienen que adaptarse de algún modo a una serie de receptores básicos que fueron diseñados por la evolución. esos “receptores” son módulos cerebrales es- pecializados que se activan cuando detectan en el ambiente un patrón es- pecífico. Los módulos, son como pequeños interruptores en los cerebros de los animales que se activan por patrones que fueron relevantes para la supervivencia en un nicho ecológico particular. Cuando estos módulos detectan el patrón, emiten una señal que cambia el comportamiento del ani- mal de un modo adaptativo. Muchos animales reaccionan con miedo y huida la primera vez que se encuentran con una serpiente porque en sus cerebros hay un circuito que funciona como detector de serpientes (o de cosas que repten en el suelo). A lo largo de la evolución, esos módulos fueron añadiendo otros “disparadores” del circuito, de ahí que las variaciones culturales de la moralidad se puedan entender a partir de los disparadores añadidos o suprimidos por cada módulo.

Para Haidt, estos módulos morales son innatos pero hay que entender, como hace él mismo, que innato quiere decir que la naturaleza aporta un borrador que la experiencia revisa. Son prewired más que hardwired. que algo venga incorporado no quiere decir que sea inmodificable. Quiere decir que está organizado previamente a la experiencia pero esta experiencia, las diferentes culturas en el caso de la moralidad, adaptan los módulos innatos, por eso si vamos en busca de semejanzas en las diferentes culturas del mundo no las encontraremos en el “libro” terminado y corregido varias veces sino en el “borrador” innato que está en la base.


Haidt reformuló las tres éticas de Shweder y piensa ahora que hay por lo menos, cinco módulos relevantes, cinco pilares de la moralidad (que después elevó a seis) que están en la base de las matrices morales que la evolución diseñó para responder a retos adaptativos y que Haidt acompaña de su contrario:


Cuidado                               Daño

Igualdad-reciprocidad       Engaño

Lealtad                                 Traición

Autoridad                            Subversión

Santidad                              Degradación

La sexta, añadida posteriormente, es: libertad/opresión1.


el módulo Cuidado/Daño, evolucionó para responder al desafío de la vulnerabilidad de los niños. Un ñu nacido en el Serengueti, puede correr a los pocos minutos de nacer. Un niño humano, después de nacer, tiene un largo período en el que precisa de cuidados. El módulo Cuidado/Daño, despierta en nosotros conductas de ayuda y cuidado cuando vemos señales de sufri- miento en un niño y asco cuando vemos señales de crueldad. la emoción dominante en este módulo, es la compasión.

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1. No es fácil traducir algunos de los términos de Haidt por su polisemia. aquí van en inglés en espera de propuestas más afortunadas: care/harm, fairness (en el sentido de justa igualdad) / cheating, loyalty / betrayal, autorithy/subversión, sanctity/degradation

El módulo, Igualdad-Reciprocidad/Engaño, evolucionó como respuesta a la necesidad de ser recompensados por nuestra cooperación sin que nadie se aproveche de ella. Nos hace aproximarnos a personas que es probable que sean buenos compañeros para el altruismo recíproco y a evitar a los tram- posos. las emociones dominantes son la rabia, la culpa y la gratitud.


El módulo, Lealtad/Traición, evolucionó como adaptación a la necesidad de formar coaliciones. Nos hace sensibles a la señales de que otra persona pueda ser o no ser, un buen miembro de la comunidad y a confiar en los buenos y castigar, expulsar o incluso matar, a los que traicionan al grupo. el orgullo de grupo, la rabia y la traición, son las emociones de este módulo.


El módulo Autoridad/Subversión, responde a la necesidad de mantener relaciones dentro de una comunidad jerárquica y nos hace sensibles a los signos legítimos de jerarquía y a los signos de que alguien no se comporta de modo adecuado a su rango. respeto y miedo predominan aquí.


El módulo Santidad/Degradación, tuvo como función primera evitar la contaminación, los venenos y el contagio de enfermedades. El asco es casi, la única emoción de este módulo.


Libertad/Opresión, propone Haidt, evolucionó en respuesta a los desafíos planteados por la vida en pequeños grupos donde algunos individuos podrían acosar y dominar a los demás. Los estímulos originales para activarlo serían los intentos de dominación mostrados, por ejemplo, por un macho alfa, lo que desencadenaría la unión como iguales de los demás miembros del grupo y el control del potencial dominador que podría ser eliminado físicamente. es un módulo que opera en tensión con el de autoridad/Subversión. los estímulos actuales del módulo son todas las situaciones que son percibidas como restricciones ilegítimas de la libertad impuestas por una autoridad.

Nuevos estímulos que activan los módulos pueden irse añadiendo a los primarios. Por ejemplo: la activación del módulo Daño/Cuidado, puede ser activado hoy por cosas como las matanzas de crías de focas o el maltrato animal; el de reciprocidad/engaño, por las infidelidades en la pareja; el de lealtad/traición, puede extenderse a las naciones o a los equipos deportivos; el de Autoridad/Subversión, a los jefes en el trabajo y el de Santidad/Degradación, a ideas tabú (comunismo, racismo).


5. Si no se aceptan estas seis morales resulta complicado entender racionalmente ciertos sucesos. Por ejemplo: en el año 2001, un técnico informático, Awin Meiwes, puso un anuncio en internet que decía: Busco una persona de buena presencia, entre 21- 30 años para ser sacrificada y después comida. El anuncio tuvo cientos de respuestas pero solo uno de los que contestaron, el ingeniero informático, Brend Brandes, mantuvo su decisión después de darse cuenta de que la propuesta de Meiwes era seria. Después de filmar un vídeo en el que Brandes mostraba su acuerdo, Meiwes, cortó el pene de Brandes que, a pesar de haber tomado grandes cantidades de alcohol y somníferos aún estaba consciente, lo frió en una sartén con vino y ajo y lo comió. Branders, probó también un trozo de su propio pene y se metió en una bañera para morir desangrado. Como seguía vivo después de algunas horas, Meiwes, le dio un beso y lo acuchilló. Después, colgó su cuerpo de un gancho de carnicero, lo evisceró y descuartizó, guardando en un frigorífico los trozos de carne que fue comiendo durante los diez meses siguientes. Meiwes, fue detenido y juzgado pero como la decisión de Branders, de ser sacrificado y comido fue voluntaria, fue condenado por homicidio involuntario y no por asesinato.


Todos los que se rigen por la ética de la autonomía tienen dificultades cuando intentan explicar las razones por las que sienten repugnancia ante este caso. No se cumplía la exigencia de Stuart Mill, pues no se había producido daño alguno en

contra de la voluntad de Branders y desde el punto de vista de la ética de la autonomía, las personas tienen derecho a vivir sus vidas como quieran (si no dañan a otros, lo que no era el caso) y a terminar sus vidas como quieran (mientras no dejen familiares indefensos que no se valen por sí mismos) lo que tampoco era aquí el caso. A pesar de ello, todos los defensores de la ética de la autonomía, sentían que era un acto repugnante y que la ley no debería permitirlo (de hecho fue condenado por un subterfugio legal). Si el principio de Stuart Mill no permite que, de acuerdo con lo que afirma, poner fuera de la ley el comportamiento de Meiwess y Branders, es que ese principio no es el adecuado para ser el fundamento de la moral de la comunidad. Meiwes y Branders, trataron el cuerpo como si fuese un trozo de carne de vaca o cerdo y además añadieron un componente sexual. Solo los gusanos y los demonios comen carne humana (los caníbales también). No dañaron a nadie ni provocaron daños materiales pero profanaron varios principios de la sociedad occidental como el que afirma, implícitamente o explícitamente, que la vida es un valor supremo y que el cuerpo humano es algo más que una tajada de carne que camina, pero esos principios corresponden a una moral, la de la santidad, que no comparten (conscientemente) muchos ciudadanos.


6. La mayoría de los animales nacen sabiendo lo que tienen que comer. Los koalas, “saben”, desde que nacen que tienen que comer hojas de eucalipto y ninguna otra cosa. Los humanos tienen que aprender que cosas comer: es el dilema alimentario. Como las ratas y las cucarachas, los seres humanos son omnívoros lo que tiene sus ventajas. Pueden caminar por una tierra desconocida y confiar en que encontrarán algo de comer pero eso tiene también sus desventajas pues la nueva comida puede tener parásitos, ser tóxica o tener microbios así que los humanos omnívoros van por la vida atra- pados entre dos motivos antagónicos: la neofilia, (una atracción por cosas nuevas) y la neofobia (miedo de las cosas nuevas) que podrán estar más o menos equilibradas o desequilibradas. A esos motivos básicos se le van añadiendo nuevos componentes. Los

liberales, tienen tendencia a la neofilia y no solo con las cosas de comer sino con las nuevas ideas, con la nueva música o con la gente desconocida. Los conservadores son más neofóbicos, y más allegados a las cosas probadas, a las tradiciones y a las fronteras.


La emoción del asco fue la respuesta evolutiva al dilema omnívoro2. Aquellos que tenían un sentido equilibrado del asco evitaban los alimentos peligrosos y sobrevivían pero el asco cumplía también otra función más relevante pues cuando se formaron grupos grandes, el riesgo de infección hizo que lo que llama Mark Shaller, sistema inmune conductual, procurara alejar del grupo a cualquier persona que mostrara señales de enfermedades o presencia de patógenos. Xenofobia y xenofilia fueron las dos nuevas caras de ese sistema y de hecho, como sucedió no hace mucho con el Ébola, la xenofobia crece cuando hay epidemias y la xenofilia cuando no existe ese riesgo.


7. Cada individuo, (como cada civilización), tiene un perfil particular en el que los seis fundamentos morales tendrán una relevancia mayor o menor. En Estados Unidos, dice Haidt, los republicanos tienen presentes todos los pilares de la moralidad y tienen casi la exclusividad para estimular y evocar los pilares de Santidad, lealtad y autoridad mientras que los demócratas, recurren de manera principal a los de Daño/Cuidado y reciprocidad. Con sus colegas, Haidt, desarrolló una escala para medir el grado de adhesión a uno u otro de los módulos morales según la posición que escogieran los entrevistados a lo largo de un continuum que va de muy liberal a muy con- servador, términos que aunque no se ajustan perfectamente a los europeos, podemos considerarlos como de izquierdas (liberales) y de derechas (conservadores).


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2 . COLIN MCGINN, un filósofo británico, acaba de publicar en español un interesante libro sobre el asco muy relevante para lo aquí tratado por Haidt: El significado del asco. Cátedra. 2016.

Las preguntas que debían contestar los entrevistados (con puntuación) iban dirigidas a los seis fundamentos y tenían dos posibilidades. Por ejemplo: ¿Se pincharía una aguja esterilizada en su brazo?; ¿y en el brazo de un niño desconocido? (Daño-Cuidado); ¿Daría usted una bofetada a un amigo en la cara –aunque sea en una obra teatral?–; ¿Y a su padre? (autoridad-Subversión); ¿Criticaría anónimamente en una emisora de radio nacional a su país por algo que usted considera justo?; ¿y en una emisora extranjera? (lealtad-traición); ¿Actuaría en una obra de teatro en la que tendría que comportarse como un tonto que no sabe responder a preguntas simples? ¿y en una en la que tendría que arrastrarse por el suelo, gruñir como un cerdo y orinar en escena? (Santidad-Degradación)...


En 2012 habían contestado la encuesta 135.000 personas. Como se ve en el gráfico, los muy liberales puntúan alto en Cuidado e igualdad pero bajo en las otros tres. Los conservadores puntúan también alto, pero menos que los liberales, en Cuidado e igualdad, aunque en este último caso entienden la libertad como, no intromisión del estado en sus asuntos y los liberales como vivir como uno quiera pero, a diferencia de los liberales, los conservadores puntúan alto en Santidad, lealtad y autoridad que son poco relevantes para los liberales. los liberales, resume Haidt, valoran el Cuidado y la igualdad mucho más que las otros tres morales; los conservadores avalan las cinco morales más o menos en la misma medida.


La “guerra cultural” y política en los Estados Unidos es una batalla entre una moralidad de tres pilares y una moralidad de seis. Una moral, no importa cual, une y ciega, pero, se pregunta Haidt: ¿que lleva a unas personas a simpatizar con los progresistas, los conservadores o a no hacerlo con ninguno de los dos?. Al menos, desde Marx, la teoría dice que la adopción de una ideología se hace en defensa de los intereses de la clase a la que uno pertenezca. En términos marxistas, que Haidt no emplea: la situación de clase determinaría la conciencia de

clase. Los psicólogos que se ocupan de estas afiliaciones han descubierto sin embargo, que los intereses de clase o los económicos son un pobre predictor de las actitudes políticas.



Los ricos  de la industria son generalmente de derechas pero los ricos del mundo tecnológico informático, son de izquierdas. Los pobres urbanos suelen ser de izquierdas pero los pobres rurales son de derechas. La teoría psicológica más común hasta hace unos años, suponía que la mente es una pizarra en blanco sobre la que la familia, la escuela o los programas de televisión “escribirían” una ideología. Los estudios sobre gemelos uni y bi-vitelinos cambiaron esa teoría. Los gemelos univitelinos separados y dados en adopción en hogares diferentes se parecían más a sus padres biológicos que a los adoptivos y lo mismo ocurría con los adoptados no emparentados criados en un mismo hogar. Los genes determinan entre un tercio y la mitad de las futuras ideologías políticas pero hay que recordar de nuevo, que para Haidt, innato no significa “no modificable” sino “organizado previamente a la experiencia”. Es un borrador que será modificado, por la experiencia en la que viva el sujeto. rasgos de personalidad como la hipersensibilidad a las amenazas, búsqueda de novedades o extraversión, son ajustes entre lo innato, (unos receptores más o menos sensibles a la serotonina o glutamato, por ejemplo) y la experiencia. La mente humana, no es un procesador lógico sino un procesador de

historias. las narrativas de vida son un nivel elevado de la personalidad y con ellas los humanos buscan darle un sentido a sus vidas. Son el puente entre la adolescencia y la identidad política de la vida adulta que se construyen sobre lo innato, las adaptaciones y los sucesos vitales y son, dice Haidt, narrativas saturadas de moralidad.


8.- La metáfora central que Haidt propone para esta tercera parte del libro es: Somos un 90% chimpancés y un 10% abejas. Darwin pensaba que la mora- lidad era una adaptación que evolucionó por selección natural tanto a nivel individual como grupal. la evolución individual fue siempre aceptada pero no la grupal rechazada por los especialistas en evolución como richard Dawkins y no hace mucho rehabilitada, al menos entre varios de estos especialistas. Para Darwin, las tribus que contaban con más miembros altruistas dispuestos a sacrificarse por el grupo sobrevivían más que las tribus con miembros egoístas. el problema era el free rider, el oportunista, el pa- rásito egoísta dentro del grupo que podría aprovecharse del sacrificio de los altruistas para sobrevivir y beneficiarse sin haber arriesgado nada y difundir así sus genes. Haidt reconoce que la naturaleza humana fue formada primordialmente por la selección a nivel individual pero en determinadas circunstancias se produce un cambio “grupalista” y nos volvemos “abejas”. Tenemos una naturaleza dual de primates egoístas dotados con una especia de interruptor cerebral que se activa en ciertas ocasiones y nos lleva a comportamientos de colmena en los que en circunstancias especiales, trascendemos el interés propio para fundirnos temporalmente en algo más grande que nosotros mismos. Es lo que Haidt llama, la hive hypothesis (la hipótesis de la colmena) y a la habilidad para pasar de un estado a otro, el hive switch. La “reverencia”, el asombro o el sobrecogimiento sentidos hacia paisajes de naturaleza virgen, ciertas drogas, los conciertos de rock, los entrenamientos militares en orden cerrado, producen ese sentimiento de ser uno con el grupo o “el mundo” que tiene en las neuronas espejo y en la oxitocina su probable fuente.



Las religiones son hechos sociales que no pueden ser estudiados en individuos aislados como no se puede estudiar una colmena en una sola abeja. Para Durkheim, una religión es un sistema unificado de creencias y prácticas relativas a cosas sagradas, es decir, a cosas puestas aparte y prohibidas, que unen en una simple comunidad moral llamada iglesia a todos los que se unen a ellas. Muchos científicos no entienden las religiones porque exa- minan solo lo más visible: sus creencias en seres sobrenaturales más que sus vínculos y prácticas grupales por lo que piensan que la religión es una institución extravagante y costosa que dificulta la capacidad de las personas para pensar racionalmente mientras deja una larga serie de víctimas. Para Haidt, a veces las religiones son así pero para tener una visión adecuada de ellas es preciso acercarse más.


Después de los atentados de las torres Gemelas los comentaristas de derechas enseguida relacionaron islam y terrorismo; los de izquierda, culparon a los islamistas radicales y siguieron afirmando que el islam es una religión de paz, pero no todos, pues algunos de ellos, hasta entonces liberales en todo lo que atañía a las religiones, cambiaron de opinión y comenzaron a atacar, no sólo al islam sino a todas las religiones (excepto al budismo) que consideraban delirios que no dejaban que la gente se guiase por la ciencia, el secularismo y la modernidad. Los que así pensaban fueron conocidos desde entonces como los nuevos ateos y cuatro de ellos, Ronald Dawkins, Sam Harris, Daniel Dennett y Chistopher Hitchens, publicaron en los años que siguieron libros muy leídos y discutidos. Hitchens, ya fallecido, era periodista pero los otros tres eran filósofos o científicos que ponían la evolución, la biología y la neurociencia en el centro de sus análisis. Estos tres proponen una definición de re- ligión muy parecida en la que los seres sobrenaturales tienen el papel principal pero, según Haidt, olvidan que una religión tiene tres componentes, creer, hacer y pertenecer, que cuando se toman en cuenta proporcionan una visión de la religión muy diferente de la de

los tres neoateos. En los nuevos ateos, el primer paso de su teoría, algo que Haidt también comparte, es la existencia de un módulo hipersensitivo de detección de agentes. Un homínido caminando por la sabana que escuche un ruido en la hierba alta debe decidir si se trata de un depredador o del viento. Si piensa que es un depredador, huye y se salva aunque sea el viento el responsable. Es un error de tipo i, un falso positivo. Si cree que es el viento y es un depredador, muere. Ha cometido un error de tipo II, un falso positivo. Un módulo hipersensitivo hará muchos falsos positivos pero esos errores permitirán su supervivencia. Este módulo diseñado por la evolución es el responsable según los neoateos de ver agentes intencionales donde no los hay y entre esos agentes intencionales invisibles estarán los seres sobrenaturales religiosos. Las religiones serían un subproducto de este módulo que no habrá surgido con esa finalidad sino para sobrevivir y esas ideas serían memes transmitidos culturalmente y sometidos a competencia darwiniana. Unos sobrevivirán parasitando la mente de las su- cesivas generaciones y las religiones así formadas tomarán la forma de las religiones establecidas según el lugar de nacimiento y la educación recibida. Haidt, acepta el módulo hipersensitivo como fuente de la religión pero defiende como mejor alternativa la hipótesis de Scott atran y Henrich que acep- tan también el módulo hiperactivo pero creen que las religiones son innovaciones culturales que hacen a los grupos más cohesivos y cooperativos creando una comunidad moral. No necesitamos una investigación científica para saber que las personas se comportan menos éticamente cuando nadie las ve y tener un ser sobrenatural que todo lo ve y castiga todo aquello que fomenta los conflictos dentro de una comunidad como los asesinatos, el adulterio, los falsos testimonios o el no cumplimiento de los juramentos ayudará a mantener la cooperación intragrupal. De hecho, de las 200 comunas creadas en el siglo XiX en los estados Unidos, solo el 6% de las seculares se mantenían 20 años después de ser fundadas frente al casi 40 % de las religiosas.

Las religiones, dice Haidt, son exoesqueletos. Vivir en una comunidad religiosa es vivir enredado en un grupo de normas, relaciones e instituciones que influyen en su comportamiento. Si vivimos como ateos en una comunidad más relajada dependeremos de nuestro compás interno lo que puede re- sultar atractivo para los racionalistas, dice Haidt, pero es también una receta para la anomia, la ausencia de normas de Durkheim, pues la comunidad ya no dispone de un grupo compartido de normas. Haidt advierte, que las sociedades que olvidan el exoesqueleto de la religión deben reflexionar cuida- dosamente sobre lo que les ocurrirá en las próximas generaciones. todavía no lo sabemos ya que las primeras sociedades no religiosas han apenas emergido en Europa en las últimas décadas y son las sociedades menos eficientes en convertir sus recursos (de los que tienen muchos) en descendencia (de lo que tienen poco).


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Haidt piensa que el “sesgo de confirmación” es el más maligno de los sesgos cognitivos y es además casi imposible de erradicar: ¿ Por qué la gente busca automáticamente pruebas que apoyen sus creencias iniciales y por qué es prácticamente imposible enseñarle a no hacerlo?. La respuesta de Mercier y Sperber que estudiaron el problema, es que el razonamiento no ha surgido evolutivamente de la necesidad de conocer la verdad sino para ayudarnos a ganar debates. El daño provocado por este sesgo en la investigación y antes incluso, en lo que conviene investigar, (o en lo que es lícito o políticamente correcto investigar) es relevante sobre todo si se tiene en cuenta que en campos como la psicología social en Estados Uni- dos no hay psicólogos “conservadores” que confronten su sesgo de confirmación con el de los colegas liberales. Casi todos son progresistas. Haidt da una cifra: 266 progresistas o de centro por 1 conservador. Haidt, en las reuniones con colegas pide, irónica pero seriamente a alguno de los presentes como Roy Baumeister, que defienda las ideas conservadoras ausentes en

esas reuniones. Un sistema ecológico de ideas en las que uno de sus necesarios componentes no esté presente es un sistema muerto. Uno de los deberes éticos de cualquier periodista, psicólogo, científico o político debería ser mantener controlado el sesgo de confirmación, pero la tendencia es otra. Se lee lo que confirma nuestras ideas, nos reunimos según nuestras creencias sin que se permita nada que pueda refutarlas. las sociedades se escinden según su sesgo y el debate se empobrece y eso es algo que no nos podemos permitir.


En 2003, John Jost3, psicólogo social de Stanford publicó Political conservatism as motivaded social cognition4, una muy amplia revisión de artículos que concluía afirmando que los conservadores sufrían de “evitación de la certeza”, necesidad de orden y estructura, dogmatismo, intolerancia a la ambigüedad, resistencia al cambio y apoyo a la desigualdad. En el paso del artículo a los periódicos perdió buena parte de su enunciado “cientí- fico”: “¿Es el conservadurismo una forma leve de locura?... (el conservadurismo) es un grupo de neurosis enraizadas en el miedo y la agresión, el dogmatismo y la intolerancia a la ambigüedad”. Los conservadores podrían, y lo han hecho, replicar los “descubrimientos” de Jost y definir a los liberales, como ironiza Michael Sermer5, como carentes de compás moral lo que los lleva a ser incapaces de hacer elecciones éticas claras, una desmesurada carencia de certezas sobre cuestiones sociales, un miedo patológico a ser claros que los hace indecisos, unas creencias ingenuas que consideran que todas las personas tienen los mismos talentos y que solo el entorno y la cultura determinan la posición social por lo que el gobierno debe remediar esas injusticias.


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3. Pablo Malo, con su habitual maestría y capacidad de síntesis es uno de los escasos colegas que se ha ocupado de este libro de Haidt. Debido a un borrado accidental en el ordenador ya no sé si lo que sigue pertenece al menos en parte a uno de sus artículos, es de mi responsabilidad o es una mezcla. Sea como sea mantiene su interés.

4. http://www.sulloway.org/PoliticalConservatism(2003).pdf 5. SerMer.M. the believing brain. robinson. 2011.

Esa omnipresencia del sesgo de confirmación entre psicólogos y no psicólogos es grave desde el punto de vista de la ciencia. Lee Jussin, de la universidad de rutgers, acaba de publicar un borrador de trabajo ¿Pueden los altos ideales morales minar a la ciencia? (2015) donde estudia las consecuencias del sesgo de confirmación, que hace que en muchos trabajos se descarten evidencias que contradicen los puntos de vista iniciales, se prefieran evidencias que no contradicen estos puntos de vista o incluso se recurra a hechos fantasma, (declarar que algo es cierto sin proporcionar ninguna evidencia empírica)6. Una posible consecuencia es que, solo el 38 % de los trabajos en psicología publicados en las mejores revistas pueden ser replicados.


Como en los nichos ecológicos, la desaparición de una especie antes presente, (los psicólogos o psiquiatras conservadores) convierte ese nicho en algo ecológicamente muerto que se desarrollará de manera imprevisible y muchas veces, catastrófica. la desaparición puede ser por escisión, (fundar una nueva sociedad científica), por ostracismo, (son ninguneados o ridiculizados), o por “exilio” (abandono de la participación en congresos y seminarios). En todos los casos, la discusión de los temas relevantes se resiente y eso es algo que no nos podemos permitir.










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6. Puede consultarse la reseña de e.zugasti de este trabajo o leerse en su integridad en http://www.terceracul- tura.net/tc/?p=7960